Cena de fin de verano del Babilonia
El jueves pasado se celebro la cena con la que todos los años se despide el verano. Aunque es solo para el personal que durante el verano trabajo en el local y lo saco para delante Por razones que se me escapan volví a ser invitado. Y, allí estaba yo, en el Club Náutico de Portosin, cenando entre una docena de aguerridos camareros.
En fin, llego el momento en que mi pipa y yo... hacia un buen rato que nos echábamos de menos el uno al otro. Mucho rato. y, cuando digo mucho quiero decir mucho, no sé si me explico. Pero claro, no es de recibo en plena cena tirar de cachimba, echar mano a la bolsa, acaramelar la pipa, encenderla y atufar con ella a una buena gente que ya bastante hace con soportar mis humos en el Babi.
Consecuentemente, aguante otro rato, este corto, claro, y finalmente salí a la terraza.
Allí, en la terraza, sucedió algo...
No estábamos solos, la pipa y yo, con nosotros estaba la noche magnifica por cierto, el mar pero no un mar cualquiera, ese mar que entra en la tierra besándola mientras ella dulce y cariñosa lo abraza que hasta se diría que tal y como pasa en otras rias gallegas aqui tierra y mar en vez de tocarse lo que hacen es el amor. Y, luego el sonido, ese sonido, el del mar acariciando los barcos que se mecen dormidos sobre él. Y, a unos pocos metros ellos, aun cenando, a unos pocos pasos y al alcance de la mirada.
Y, de repente me percate de una cosa el mundo realmente parecía estar en paz.


Vaia, ¿todavía se seguen facendo as cenas de verán cos camareiros de Babilonia?
Aquí un antigo camareiro que o foi moitos anos do Babilonia.
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